Rob en acción

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lunes, 15 de julio de 2013

Todo tiene una historia.... hasta el dildo

Este post fue realizado en Honor a Kly jijiji la historia del dildo, así que realizando mi investigación me encontré con un película en su honor que relata sus orígenes

 La historia de la histeria nos sitúa cerca del año 1860, cuando el doctor Joseph Mortimer Granville inventó el vibrador. Y lo inventó como un aparato útil para sí mismo, para no cansarse tanto con esos masajes y descargas que les hacía a las mujeres en el mismísima vagina para calmar su presunta histeria. Pero claro, hay médicos que no son seres precisamente populares (un dentista, un forense) y otros que sí. Y el doctor Mortimer se convirtió enseguida en uno de los segundos. Es cierto que le película intenta también, ya que estamos en el siglo XIX, explicar algunas cosas interesantes de la época, como los primeros cambios en una sociedad cerradamente machista, los primeros pasos en la estabilización del voto femenino, etc.

¿Todo lo que se cuenta en la película es cierto? Pues sí, prácticamente todo (historias románticas de ficción aparte). Especialmente lo que se narra sobre esa enfermedad conocida como "histeria", y que hasta 1952 no fue excluida de la lista de las psicopatologías humanas femeninas, cuyos tratamientos también vimos en la penúltima historia de David Cronenberg: 'Un método peligroso'. La relación entre la enfermedad y el consolador no debe extrañarnos demasiado, porque "histeria" viene del griego 'hystera', que significa "útero".
Por eso los médicos decidieron tratarlo empezando por ahí abajo, tras años recetando pastillas, psicoanálisis y terapias personalizadas. Y pronto las vibraciones se convirtieron en masajitos, y los masajitos en enérgicos masajes. Y por fin el consolador se hizo carne. Bueno, la frase no es afortunada: quiero decir que se materializó. Porque en 1880, cansado ya de masajear, o llamémoslo por su nombre, masturbar a sus pacientes, el pobre doctor Granville patentó el primer vibrador. Es decir, una especie de rascador de espaldas, pero interno. Y el éxito fue tan rápido que empezaron a aparecer modelos eléctricos, a pilas e incluso de gas y ¡de pedales! Era un instrumento médico, no un juguete sexual. Hasta los años 20 el consolador no comenzó a tener esas connotaciones eróticas, y una vez más fue culpa del cine, del primer cine porno, que empezó a utilizar consoladores que sustituyeron la forma de cilíndro redondeado en la punta por una más realista, más explícita.

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